Río Seco

Este jardín en el Talar de Pacheco tiene unos 15 años de vida. La casa es moderna, distribuida en dos grandes módulos ubicados en escorzo, vinculados por un hall triangular. Está hecha con grandes muros de piedra, perfiles de hierro y vidrio. Los propietarios quisieron darle una vuelta de tuerca para adaptarlo más a su forma de vida.

Sobre el jardín original – más estructurado y monocromático – se buscó “aflorjar las líneas y dar color”. Ellos, los dueños de casa, son amantes de las sierras de Córdoba y por eso querían algo más agreste y con rincones por ser descubiertos.

Sus casi 3000 metros cuadrados de extensión serían surcados por un río seco hecho con piedras bola y canto rodado. El mismo nace en la fuente y recorre el terreno atravesando un bosquecillo de acacios negros y timbós. En la zona más baja del jardín, donde se acumula y sale el agua, se levantó un puentecillo de quebrachos. De entre las rocas nacen las plantas en masas compactas: salvias leucanthas, stipas teuissimas, viburnum oddorattissimum y suspensum, cortadeiras, etc.

En el sector lindante a la pileta se retiró el gran deck de lapacho y se reemplazó por uno de quebrachos rústicos. A este sector se sumaron una serie de canteros con coreopsis, sedum spectabile, phlomis fruticosa, achiras, plumbagos celestes y unas cuantas bahuinias (pezuña de vaca). La sensación al ocupar este espacio es de protección: uno se encuentra inmerso en la vegetación, al reparo de las miradas de los vecinos.

Además, sumamos un cantero grande pegado a la galería en el cual se plantaron rosas iceberg y sevillanas mezcladas con juníperus pfitzeriana y stachys. Pegado a este sector construimos un lavandal, plantado en filas a 45 grados que dan mayor dinamismo y sensación de movimiento al recorrerlo. Es increíble apreciar la inmensa cantidad de insectos y aves que lo visitan a diario.

En las inmediaciones del gimnasio se plantó un cañaveral. Seguido a esto, en el frente se armó un bosquecillo de acer palmatum que disfrutan de la sombra de los grandes plátanos de la calle en su natural forma de crecimiento en sotobosque. Se construyó el estacionamiento de cero utilizando cemento alisado y una serie de veredas de circulación peatonal hechas con piedra San Luis fiamatada.

Por último, el lateral de la cocina se tupió para dar sensación de estar en el trópico. Plantas de hojas verdes enormes, floripondios blancos, setarias, senecios petasites se mezclaron con salvias – para dar algo de color – canelas y cañas de ámbar.

La casa hoy sigue siendo la protagonista, pero ahora está inmersa en una historia donde suceden cosas.

Trabajo paisajístico realizado por NICOLAS HEINEN. Vivero La Colección